lunes, 16 de abril de 2018

HAIKUS DE ANTONIO MORENO




ENTRE mis dedos,
a punto de soltarlo,
el saltamontes.



¿QUIÉN será el necio
que niegue tu conciencia,
delgada espiga?



ALGO -¿qué?- cruje
bajo la suela, y cuánta
piedad alzándola.



TOCO la albahaca,
huelo en mis manos esto
impronunciable.



SIGO aquí, al pie
del árbol, mientras cae
su última hoja.

     de “Más de mil vidas” Renacimiento, 2018



martes, 3 de abril de 2018

HAIKUS DE SUSANA BENET



Noche desierta.
Solitario el semáforo
cambia de luces.


Guarda la lana
la forma de tu cuerpo.
Vieja chaqueta.


Partido en dos,
qué blancas sus semillas.
Pimiento rojo.


El hortelano,
con el meñique fuera
de la alpargata.


Nadie discute
si la vecina canta.
Patio interior.


de "Grillos y luna" La Isla de Siltolá, 2018


sábado, 24 de marzo de 2018

POEMA

                                           Imagen de Doug y Mike Starn


TARDE DE LLUVIA


DETRÁS de la ventana, protegido
de la fuerte inclemencia
que golpea el cristal, un pensamiento
afable despierta en mí este chaparrón:
concluyo que su trepidante música
desvía de mi ser la pesadumbre;
descubro la armonía de sus notas
diversas: displicentes, a veces motivadas.

La tarde empobrecida en su fulgor
deja que el agua caiga libremente,
que siga acomodándose en el aire
y vierta desganada,
o el viento arremoline y la voltee.

A ratos llama con bravura,
entonces bajo la persiana
y dejo que rebote el agua en ella.

Es marzo de una tarde completándose.

Fuera la vida sigue; a ratos llueve.
Persisten los reflejos de humedad
que hacen que la cuidad sea más bella.

De cuando en cuando un goterón revienta
de un modo muy hermoso en el alféizar.

Entonces sé: esta tarde de lectura,
de lluvia persistente,
quedará dibujada en un poema:
palabras; antes agua, tarde, marzo, 

y, claro, soledad.




sábado, 17 de febrero de 2018

DOS POEMAS DE ANTONIO CÁCERES





TONO MENOR

INESPERADAMENTE, esta mañana
el corazón dormido se despierta.
Desordena los planes, te dispone
a disfrutar del día, sin cuidado.
Qué diferente el tiempo cuando puedes
mirar así, tranquilo, verlo todo
por un azar pequeño sucediendo.
Elemental presencia de las cosas;
tú, con ellas, dejándote llevar
por esta luz de marzo, que te envuelve.

Un gorrión se planta en la terraza,
picotea unas migas con descaro.
Se inclinan con dulzura las acacias,
sopla suave la brisa que las mueve.
Los transeúntes pasan por la calle,
con sus prisas menudas, sus afanes.
Intentas acercarte, conocer
su identidad, el fondo de sus sueños.

Si lo piensas, es más que suficiente
para abrazar el mundo: la belleza
que en un tono menor nos da la vida.




ESCONDITE EN EL REINO

REZUMA un dulce olor a encina
de las paredes de la casa.
Cristal de luz la claraboya,
su claridad gira despacio.
Esparce el tiempo perezoso
de una mañana de verano.

Ya son las dos. Se abre la puerta.
Te ocultas dentro del jardín;
en una estancia luminosa
que no conoce nadie. Llaman.
Está la mesa ya dispuesta.
Y te demoras, como siempre.

Te ganarás la regañina,
pero no importa: este es tu reino
y nadie tasa el tiempo tuyo.
En él hay cedros y palmeras,
más retirado un pino grande
junto al estanque de las carpas.

Han de crecer contigo. Luego
verán contigo arder el tiempo.

                de “Tono menor” Libros Canto y Cuento, 2017

lunes, 12 de febrero de 2018

DOS POEMAS DE RUBÉN MARTÍN DÍAZ





CALMA

El viento está en la hoja
que se mece a sí misma
mientras cae.

La hoja está en la hoja,
recorrida de viento,
silenciosa de polen,
bajo el pulmón celeste
de los cielos.

Que nada enturbie nunca
el pacto de las cosas,
la sensación de calma
cuando mueren.


EN LO PROFUNDO DE TU SUEÑO
                                              
                                           A mi hijo Hugo

Antes de entrar
te miro en lo profundo de tu sueño,
en el remanso incierto de sus aguas,
y respiro apacible,
tranquilo,
feliz.

Después entro en mi cuarto
como un vulgar ladrón entre las sombras
y hallo en un cuerpo tibio
la ausencia de tu madre.

Qué sencilla aventura
os lleva de la mano hasta otro tiempo,
otro lugar remoto en el que ser.

Apenas me abandono al frío espacio
de sábanas revueltas,
la noche ocupa el hueco de mis ojos cansados.

Y os descubro esperándome en el sueño,
agitando a lo lejos vuestras manos
manchadas por la luna,
tropezando de amor en vuestras risas
alzadas por el viento.
Y pienso,
lenta y conscientemente,
que el mundo es un lugar purificado
-como un lienzo sin óleo-
detrás de las estrellas.

                  de Fracturas”. Editorial Nausícaä, 2016

martes, 16 de enero de 2018

POEMA DE BASILIO SÁNCHEZ

Hay días en que es posible
bajar hasta la calle y pasear
por los alrededores de las casas
con la humilde sospecha de que nada
depende de nosotros,
nada nos necesita.
Sintiendo que no tiene la vida que alumbrarse
con la luz incompleta de nuestros pensamientos
o de nuestras palabras para hacerse presente.

Así, esta mañana,
nada de lo que miro me requiere:
ni el polvo desprendido del castaño de Indias
ni el barniz de las flores arrastradas
por el agua de las acequias,
en el amanecer de otro verano
que ha empezado a extenderse
sobre los paredones de los huertos y ya alcanza
las fachadas de piedra
y las desmochaduras de las torres.

Donde acaban las naves, los talleres,
los viejos edificios arrumbados
del barrio de las minas, hay una nube inmóvil
que se apoya en su bastón de cerezo
y una mujer perdida, detrás de una ventana,
en las ocupaciones del vivir.

Entre la nube y ella se reparten,
a la vista de todos, ignorándome,
las cuentas de colores del baúl de la noche
con las que se abre el día.

Cerca ya de un arroyo,
donde afloran los restos de hierro y de madera
de unas vías en desuso,
las flores blanquecinas de la jaras
arrancan los reflejos de las salpicaduras
sin esperar tampoco a que yo pase,
a que llegue hasta ellas.

Hay nidos de cigüeñas en los postes
vencidos de teléfonos, sobre árboles secos.
Cuando atravieso el puente,
unas hojas flotantes me separan
del fondo del riachuelo, del poso de la nieve
de los otros inviernos, que permanece allí,
debajo de estas hojas,
sin estar obligado a la mañana
ni a mi luz imprevista.

Nada me pide nada: ni el vuelo de una abeja
ni el milagro de un árbol acunado
por un aire de lejos.

Ni el cielo de la tapia
ni el despuntar azul de las violetas
junto a los que regresan caminando,
con las manos cogidas,
de otra noche lavada
por el agua de lluvia de las gárgolas
de la ciudad antigua,
que me ha dejado afuera.

   de “las estaciones lentas” Editorial Visor, 2008

jueves, 11 de enero de 2018

POEMA DE SERGIO NAVARRO RAMÍREZ



EL ROBLE

I – Economía de los bosques

ANTES, joven, el árbol se cerraba
como un puño. Sus ramas fuertes, juntas,
formaban una copa impenetrable
que apenas conseguía hacer temblar
el viento. Sus raíces se clavaban
firmes como puñales en la tierra,
profundas hasta el centro.

Ahora, tras la estación dura del año,
abre sus ramas, viejo y mustio, casi
dejándolas que caigan por cansancio,
como un abrazo a lo que venga: lluvia,
insectos, pájaros…que no atrapaba
cerrando el puño. Rinde ya su cuerpo
a la muerte y ofrece su cadáver
abierto a que lo habiten. Ya florecen
los brotes verdes de esta economía:
pequeñas criaturas colonizan
su muerta arquitectura de raíces
y ramas, como los soldados usan
de establo los vestigios de algún templo
sagrado y milenario.


II – Ritos de invierno

EL roble sigue en pie, negro y enjuto,
cubierto por la última nevada.
Con las ramas quebradas por el viento,
como una mano inmensa y esquelética,
pide limosna al cielo, mendigando,
calor al aire frío de la noche.
De repente, la luz lunar le viste
su desnudez, le colma. Alzan sus dedos
delgados la hostia blanca de la luna,
temblando, como un sacerdote anciano
que celebra sus últimos oficios,
los ritos del invierno. Pordiosea
resurrección.

de "La lucha por el vuelo" Ediciones Rialp, 2017

lunes, 1 de enero de 2018

POEMA DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA







EN FRÁGIL SOLEDAD

EN frágil soledad y en feliz calma,
entiendo mi vivir como el del árbol
que hunde sus raíces en la tierra
con un solo deseo, ser la savia
que invade el universo de armonía
y accede con su halo al mismo cielo.

En frágil soledad, me doy al cielo,
a la ilusión de verme siempre en calma,
trenzando en dulce vuelo la armonía
que aviva con fulgor el feraz árbol,
desde la alta copa en que la savia
desciende tronco abajo hasta la tierra.

En frágil soledad, vivo en la tierra
igual que si viviera ya en el cielo,
libando así mi alma de la savia
que el mundo facilita cuando, en calma,
se deja presentir dentro del árbol
en plenitud de ser y de armonía.

En frágil soledad, es la armonía
mi sello personal en esta tierra,
pues vivo para el mundo como el árbol,
que crece para adentro y en el cielo
encuentra ese sosiego y esa calma
precisos para hendir de luz la savia.

En frágil soledad, surge la savia
en ramas de fragor y de armonía,
y dejo mi alma al aire, y en la calma
que el mundo me procura aquí en la tierra,
y que, en mi afán de darme, alcanza al cielo,
imito en mi arrebato al fértil árbol.

En frágil soledad, soy ese árbol
que exuda en su vivir toda la savia,
toda la transparencia que abre al cielo,
y en nudos de ilusión y de armonía
me doy sin condiciones por la tierra,
con renovada entrega y viva calma.

Que si vivir en calma pido al árbol,
también pido a la tierra que su savia
me llene de armonía, como al cielo.


  de “Las redenciones” Editorial Renacimiento, 2017




jueves, 21 de diciembre de 2017

CANCIÓN DE NAVIDAD

                                                      Foto de un servidor


DESDE tiempos remotos                                                         
hay un niño que espera,
en su cesta de mimbre,
a la luz de una vela.

¿Es un ángel divino,
o es un niño cualquiera?
¿Y quién tú que lo miras,
que revives la escena?

¿Tú quién eres? ¿un hombre
que, paciente, le reza,
le susurra al oído:
no más frío, ni guerras?

¿No será que ese niño,
que en la cesta tú observas,
rememora el no ser,
ese ser sin presencia?

¿No es mejor dirigir
tu mirada a la estrella,
encontrar en su luz
la verdad, las respuestas?
                                             

martes, 28 de noviembre de 2017

DOS POEMAS DE FERMÍN HERRERO



SE HA IDO YA la nieve después
de mediodía. Nada dura.
Detrás de la alameda
se está yendo también la tarde. Aun
en la umbría, ha perdido el muñeco
de ayer toda su gracia,
es una bola amorfa. Su mismo
desamparo. Por más que intento
compadecerme de lo efímero,
quiera o no, estoy en lo que alienta:
debajo del espino, entre los restos
de la nevada, zascandil,
un petirrojo escarba, hurga.



ESTÁ LA TARDE desolada,
qué cielo tan violáceo,
qué indefensión ante el frío, con el sol
desfalleciendo. Y desde hace mucho
siguen ahí, muy quietos,
abrazados. De vez en cuando
los miro, me sorprendo,
sonrío, soy su amor. O por lo menos
vuelvo al mío, a cualquiera
de ellos. Está la tarde
mortecina. En cambio, siguen juntos,
se entenebrecen, abrazados. Y yo. Mientras
la vida, mientras. Qué cielo.

     de “De atardecida, Cielos” Editorial Reino de Cordelia, 2012

jueves, 12 de octubre de 2017

TRES POEMAS DE JULIO MARTÍNEZ MESANZA



DOMINGO SIN OCASO

EL sábado que pasan tantas cosas,
soy el guardián dormido en el sepulcro;
el sábado, que no tendría nunca
que pasar nada, están pasando cosas.
Sábado era ley, perfecto el mundo:
sirvo a la ley, y ni siquiera a ella,
pues, cuando tuve que velar, dormía
en el perfecto sábado del mundo;
en el último sábado perfecto
en que la ley y el alma se bastaban,
en que era el alma la gozosa sierva:
en el último sábado perfecto,
preludio de un domingo sin ocaso.




Y YO TAMPOCO

EL polvo y el desorden de esta tierra
no se merecen el azul hiriente
ni las nubes que solo ve mi alma
sobre los infinitos descampados.
No se merecen nada y yo tampoco.




LA MERECÍAN

LA lluvia que ha lavado las naranjas,
las últimas naranjas perezosas,
la limpia, la que viene ya sin barro.
Y esas naranjas que la merecían
solo por esperar hasta el invierno,
como merecen todos los que esperan.

                     de “Gloria”.  Ediciones Rialp, 2016

viernes, 29 de septiembre de 2017

UN POEMA DE RUBÉN MARTÍN DÍAZ



LA CADENCIA DEL AGUA

Pienso en la piedra que ha cruzado el límite
del agua, no mantiene ya su mismo
perfil redondeado
y ha perdido el reflejo
que un vértice de luz continua quiso
dejar varado en ella
bajo el cielo de agosto.

La cadencia del agua es caprichosa,
variable y terca,
no permite mostrar
la verdadera imagen de la piedra
y, sin embargo, expone
su condición extraña de no ser
tal como el río dice.

¿Qué es más verdad, el cuerpo que lanzó
mi mano
o ese borrón oscuro
que el agua arrastra
con diligencia?

Yace en el fondo
una imagen pensada, racional,
no sensitiva, de la misma piedra
que ha encontrado en el ojo
su nueva forma.

Para entender la idea
se ha de cruzar el límite del agua
y del conocimiento.

de “El mirador de piedra”. Visor, 2012

domingo, 24 de septiembre de 2017

DOS POEMAS DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA



IMAGEN SENTIMENTAL DE MI PADRE

Y a los ojos me viene su presencia,
del patio al corazón, del corazón
al compromiso. Lo confieso: el tono
es diferente cuando hablo de él.
Y sigue vivo; y sigue enamorado
de mi madre; y a su hijo, por mucho
que le diera por oírlo, lo quiso
más que a él.
                    Cuando me acerco a verlo,
me exige que la cuide, que es mi madre,
y a él, que no me olvide de llevarle
las flores de los muertos, que a los muertos
se les honra con flores. ¡Qué de veces
me lo viene diciendo!:
                                 no te olvides
ni en la vida ni en la muerte de aquel
dulce deber: el cuarto mandamiento.




CONSIDERACIONES A PARTIR DE ESTE DÍA

TODO lo que he palpado, olido o miro ahora,
todo tiene su qué, su magia, su sentido.
La vida se sucede así, llena de luz,
hacia el fin que le es propio, el que le pertenece.
Y lo que muere, pongo por caso el día este,
alcanza en realidad su vocación más plena
cuando las sombras dan razón de que existió.

E igual que hablo del día, vale la noche, el hombre,
esa brizna de hierba que cae en mi cabeza.
Cualquier ser entra dentro del juego misterioso
de nacer y morir, no se da otro principio.
Y si existen las sombras, las produce la luz;
y si existe la luz, es porque hay sombras;
lo visible y lo invisible tienen el mismo origen,
el mismo sedimento, la misma eternidad.

Y yo sé que es de paso que voy, entre palabras,
unas veces devuelto y otras absorbido;
y sé que el día este, o la noche, o el hombre,
o la brizna de hierba que cae en mi cabeza,
poseen el poder de iluminarme un mundo
-da igual qué mundo sea- terreno y transcendente,
con el que me asemejo porque sé que es el mío.


                  de “La vida es lo secreto” Ediciones Rialp, 2009




lunes, 28 de agosto de 2017

UN POEMA DE RUBÉN MARTÍN




LA CAMPIÑA

PEQUEÑA pero hermosa es la campiña
donde parece ahora concentrarse
toda la luz remota del origen.
El sol, puro y radiante, de este día
se filtra entre las ramas del verano
y traza claras formas geométricas
sobre la superficie de las cosas:
briznas dormidas bajo el verde tono,
guijarros escarpados, tallos de aire,
hormigas leves, trigo improvisado,
pájaros de agua, árboles del pan,
ortigas en quietud y miel de flores.
Cuánta delicadeza se nos muestra
suspendida en el tiempo, levitando
apenas un minuto, como si el mundo
contuviera un giro por nosotros,
y qué extraña manera de ofrecerse
tienen las cosas cuando guardo silencio.
La claridad del aire me traspasa,
arde dentro de mí su cálido espesor;
tejen así las lágrimas su seda
y mis ojos no pueden soportar
el peso de una tarde tan sublime.
Qué imagen prodigiosa de la vida,
      qué tranquilo lugar para el amor.


de “El minuto interior” Ediciones Rialp, 2010

martes, 15 de agosto de 2017

UN POEMA DE CONSTANTINO MOLINA



VENCEJOS EN LA NOCHE

DE noche, 
bajo la luz azul de unas farolas,
te sobresalta un grito vertical
que vuela entre tejados y azoteas.

Una punzada súbita.

Es el primer vencejo de este marzo
insertando su vuelo desbocado,
testigo siempre de lo austral,
entre los ventanales.

A ese primer vencejo lo suceden
otro más y otro más.
Y así, hasta que un volátil clamor de aves
traza la orfebrería de su vuelo
gritando en desbandada.

Nada es ya igual. Ahora se dispone
la noche renovada en su viveza.

Un bullicio invisible te acompaña.


              de “Las ramas del azar”, Ediciones Rialp, 2015